Toda nuestra historia arranca en un pueblo pequeño asomado al mar, en la costa suroeste de la isla de Madeira: la freguesia da Tábua.
Tábua es la freguesia más pequeña de su comarca, encajada entre las montañas al norte y el océano Atlántico al sur. Su nombre viene de una planta de junco, la tabua, que crecía en abundancia junto a la ribera y que la gente usaba para tejer esteras y fondos de silla. Hasta 1914 el pueblo dependía del concelho da Ponta do Sol; ese año pasó a formar parte del concelho de Ribeira Brava, al que pertenece hoy.
La vida era de labranza. La tierra es fértil pero empinada, y las familias vivían de la vid, la caña de azúcar y el plátano, cargando la cosecha a la espalda por caminos de cuesta. Las casas se repartían en sítios, pequeños caseríos con nombre propio. Nuestra familia paterna, los Rodrigues Luzirão, vivía en el sítio da Candelária.
Joaquim Rodrigues Luzirão nació el 26 de enero de 1911 y fue bautizado pocos días después en la iglesia del pueblo. Era hijo de Agostinho Rodrigues Luzirão y Antónia Joaquina de Andrade, labradores de la Candelária. El apellido Luzirão es rarísimo y casi exclusivo de esta zona de Madeira, así que todos los Luzirão de Tábua somos, de un modo u otro, la misma familia.
Maria de Jesus Silva nació el 21 de agosto de 1918, también en Tábua. Su apellido de familia completo era Silva Ganança, otro apellido poco común de la zona. Era hija de Agostinho da Silva Ganança y Augusta de Jesus. De esta rama supimos durante mucho tiempo muy poco, hasta que apareció su partida de nacimiento, que nombraba de golpe a sus padres y a sus cuatro abuelos.
Joaquim y Maria se casaron el 11 de mayo de 1940 en Ribeira Brava. En el centro de la vida del pueblo estaba la Igreja da Santíssima Trindade, la iglesia parroquial junto al mar, en el sítio da Praia, que data de finales del siglo XVII. Allí se bautizaban, se casaban y se despedían los vecinos, y allí giraban las fiestas del año.
Tuvieron diez hijos. Los cinco primeros nacieron en Madeira; los cinco últimos, ya en Venezuela.
La emigración no fue cosa solo de nuestra familia, sino el destino de miles de madeirenses. El trabajo en la isla era duro y la tierra escasa, y desde los años 30 y 40 corrió la voz de que en Venezuela y otros países había trabajo y mejores salarios. La primera gran oleada hacia Venezuela, entre 1940 y 1960, fue sobre todo una huida de la pobreza. Los destinos principales de los isleños fueron Venezuela, Brasil, Curaçao y Sudáfrica.
Hacia 1952, Joaquim y Maria tomaron ese camino con su familia. En Venezuela, el nombre de Joaquim pasó a escribirse Joaquín Rodríguez de Andrade. Se asentaron en Tronconero, Guacara, en el Estado Carabobo, donde echó raíces casi toda la descendencia que hoy formamos la familia.
Hubo además una rama más antigua que tomó otro rumbo: en 1886, un hermano del padre de Maria (es decir, un tío suyo), también llamado Agostinho da Silva Ganança, emigró con su mujer y sus dos hijos pequeños a São Paulo, Brasil. Y un primo lejano de Joaquim, Agostinho de Abreu Luzirão, acabó también en Venezuela, en La Victoria (Estado Aragua), donde falleció en el año 2000. Distintos barcos, una misma isla de origen.
Una parte del valor de esta historia está en los propios apellidos: Luzirão y Silva Ganança no son corrientes, y eso los convierte a la vez en una pista y en un tesoro.
Rodrigues Luzirão. El apellido Luzirão es rarísimo y está concentrado casi por completo en esta zona de Madeira, en torno a Tábua y Ponta do Sol. Su rareza tiene una consecuencia preciosa: a diferencia de apellidos comunísimos como Silva, Andrade o Camacho (que comparten miles de familias sin parentesco entre sí), encontrar a un Luzirão en los archivos significa, casi con seguridad, encontrar a un pariente. Eso es justo lo que ha permitido reconstruir cinco generaciones hacia atrás siguiendo el rastro del nombre. Por su forma, parece emparentado con la idea de «luz», aunque su origen exacto no está documentado.
Silva Ganança. Es un apellido compuesto y también poco frecuente. Lo interesante es la segunda parte: «ganança» es una palabra portuguesa antigua, hoy en desuso, que venía del castellano «ganancia» y significaba justamente eso, lo que se gana, el provecho o el fruto del trabajo. Un apellido que, sin pretenderlo, habla del esfuerzo de una familia de labradores. Aunque la rama de Maria se conoció en Venezuela solo como «Da'Silva» y el «Ganança» se fue perdiendo por el camino, recuperarlo es devolverle a la familia una pieza de su nombre verdadero.
Por eso vale la pena cuidarlos y transmitirlos: un apellido raro es como un hilo que, tirando de él, mantiene unida a toda la familia a lo largo del tiempo y de los océanos.